

Últimamente viene reapareciendo en mi vida el “fantasma” de los parecidos razonables que mi cara tiene (o sufre) con otros rostros famosos. Es cierto que la primera posición en el ránking se la adjudica el puto el bueno de Gabino Diego por aplastante mayoría, pero la siguiente faz en discordia es la de Carles Puyol, el jugador del Barça. Lo de Gabino Diego es algo que nunca me ha acabado de gustar… bueno… ¡de hacer ni puta gracia! ya que estamos hablando aquí de un actor cuyos papeles más recordados son de rey subnormal (en “El Rey Pasmado") o de yonki tontolaba (en “Torrente 2”). De hecho, alguna vez me he estado planteando incluso escribir a su representante, o productora, o similar, para contarle los traumas que este parecido me ha causado, a ver si pesco algo o, al menos, para intentar convencerles de que hagan lo imposible por obtener el papel protagonista de peliculas guays y de alto standing (Micción Imposible 4, Superman Re-Returns, La leyenda del Zorrón...) Sin embargo, un halo de esperanza me envolvió cuando apareció en escena el anteriormente mencionado Carles Puyol. Pasé de ser el tío de “un zumito de naranja, Torrente… ¡¡pero natural!!” a convertirme en el “Tiburón Puyol”, alguien de infinito mejor estatus social: futbolista (por ende, asumible por todos los mortales que ginca más que Dios) rico, respetado, prácticamente imprescindible en la selección española… Vamos, ¡un primor de gacho!… hasta que ocurrió lo que voy a relatar en este post, a ver si me sirve de desahogo.
Para más Inri, esto ocurrió en el verano del 2006, justo después de volver yo de Suecia. Volvía con el ego por las nubes, en general, porque las mujeres me querían, y en particular porque, como resulta que allí siguen mucho “La Liga”, conocían perfectamente nuestro fútbol (de hecho, lo conocían mucho mejor que yo) y por ende a Puyol, lo que me llenaba de orgullo y satisfacción: había alguna chica (estoy pensando en una especialmente pirada) que si me veía se ponía a gritar“¡Puyol!, ¡¡Puyoool!!” como una posesa. Algunos suecos se acercaban tímidamente a preguntar si yo era un jugador de fútbol español, o si tenía algún familiar que jugase al fútbol… (y yo pensando… "¡sí!.. ¡Aquí iba a estar si fuese Puyol, mira! ¡Pa' verte a ti!")… pero vamos, que el parecido con el tal Puyol me daba un caché, y un status que resultaba altamente agradable… hasta que volví:
Estaba yo después de comer, en Jaca, con mi madre viendo el telediario. Ella se había sentado en una hamaca y estaba medio amodorrada (yo juraría que dando cabezadas y todo) cuando apareció una noticia del Barça (acerca de algún “bolo” de pretemporada o eso) en la que lo único que se veía era a los jugadores saliendo del hotel de concentración para subirse a un autobús. Bien, pues sale Ronaldiño y mi madre, sopas perdida: nada. Sale Xavi, mi madre, sopas perdida: nada. Pero sale Puyol… Mi madre se despierta velozmente y, señalando hacia la tele con su dedo índice, suelta: “¿¿¡¡ Pero quién es ese tío tan feeeeo !!??” Ahí ya, mal, pero bueno… le empiezo a explicar que “es un jugador llamado Carles Puyol, defensa y capitán del Barça, en ocasiones capitán también de la Selección Española...” y en esto que se vuelve, me mira y dice: “Se parece a ti...” y yo “¡Muy bien! ¡¡Gracias, hombre, madre!!” Pero se queda mirando un poco más y dice “Mmmm.. no… no… ¡tampoco se parece tanto!… No, la verdad es que no. Hombre, os dais un aire por los pelos, pero no… La verdad es que él tiene una cara muy larga y muy estirada… No, no… ¡Tu eres más guapo!” Bueno… no es que me quedase muy conforme con el tema, pero tampoco era un trauma excesivo ¿no?...
Sin embargo, un par de meses después, la escena se repitió en Zaragoza: salón, después de comer, madre amodorrada en el sillón orejero y noticia del Barça en la sección de deportes del telediario… Esta vez, se trataba de una rueda de prensa. Sale hablando uno (Rijkard, por decir alguien) y nada, peeeeero le llega el turno a Puyol. Mi madre que abre los ojos y misma jugada: “¿¿¡¡ Pero quién es ese tío tan feeeeo !!??” Y yo “¡¡Jooooeeer!!… encima de borde rompe-egos, con Alzheimer” Total, que (con la experiencia adquirida tratando con mi abuela) me armo de paciencia y comienzo a explicar parsimoniosamente de nuevo: “Pues es un jugador llamado Carles Puyol, defensa y capitán del Barça, en ocasiones capitán también de la Selección Española, que la gente dice que me parezco a él, pero yo soy más guapo ¿verdad?” Al decir esto, mi madre se me queda mirando y hace “Ssssss… bueno…” frunce el ceño con una mueca de asco y dice “… es que… es que ¡¡se te ha puesto una cara tan grande…!! ¡Antes que tenías una cara tan finica…!”
Y así es como lo que podía ser un parecido encomiable y envidiable ha pasado a ser un profundo trauma… Ya sabéis, niños… cuando tengáis prole, nunca hagáis nada parecido.
Me he acordado de esta historia porque se la solté a un grupo de jóvenAs que el viernes 12 se me acercaron en la fiesta de la cerveza gritando “¡¡Bisbal!! ¡¡Bisbal!!”. Hasta se hicieron una foto conmigo. ¡Pobres!… ¡qué rollazo se tuvieron que tragar! (fué una lástima que solo se tragasen el rollazo y no el poll… ehmm…. ¡¡bien!!) Lo de que de vez en cuando (con el pelo suelto y los rizos en su máximo apogeo) me dijeran que me parecía a Bisbal también estaba bien (fue bonito mientras duró)… ¡Có!… las púberes fanáticas se forran las carpetas con fotos suyas y se desmayan a su paso, se punza a cada jaca que pa' qué… ¡Todavía era mejor que Puyol! Sin embargo, va el tontolaba y se rapa para no-se-qué buena causa… ¡¡Pero cojones, tronkocolega, que la buena causa ya la hacías con los rizos puestos!! ¡Si estabas aportando tu “humilde granito de arena” (como dicen siempre que colaboran con alguna mierda solidaria de éstas) a la ardua empresa de que alguien tan impresentable yo ligase!! Pues nada… Igual tengo que plantearme escribirle una carta a ése, también…
Si es que... ¡soy un desgraciao!
Para más Inri, esto ocurrió en el verano del 2006, justo después de volver yo de Suecia. Volvía con el ego por las nubes, en general, porque las mujeres me querían, y en particular porque, como resulta que allí siguen mucho “La Liga”, conocían perfectamente nuestro fútbol (de hecho, lo conocían mucho mejor que yo) y por ende a Puyol, lo que me llenaba de orgullo y satisfacción: había alguna chica (estoy pensando en una especialmente pirada) que si me veía se ponía a gritar“¡Puyol!, ¡¡Puyoool!!” como una posesa. Algunos suecos se acercaban tímidamente a preguntar si yo era un jugador de fútbol español, o si tenía algún familiar que jugase al fútbol… (y yo pensando… "¡sí!.. ¡Aquí iba a estar si fuese Puyol, mira! ¡Pa' verte a ti!")… pero vamos, que el parecido con el tal Puyol me daba un caché, y un status que resultaba altamente agradable… hasta que volví:
Estaba yo después de comer, en Jaca, con mi madre viendo el telediario. Ella se había sentado en una hamaca y estaba medio amodorrada (yo juraría que dando cabezadas y todo) cuando apareció una noticia del Barça (acerca de algún “bolo” de pretemporada o eso) en la que lo único que se veía era a los jugadores saliendo del hotel de concentración para subirse a un autobús. Bien, pues sale Ronaldiño y mi madre, sopas perdida: nada. Sale Xavi, mi madre, sopas perdida: nada. Pero sale Puyol… Mi madre se despierta velozmente y, señalando hacia la tele con su dedo índice, suelta: “¿¿¡¡ Pero quién es ese tío tan feeeeo !!??” Ahí ya, mal, pero bueno… le empiezo a explicar que “es un jugador llamado Carles Puyol, defensa y capitán del Barça, en ocasiones capitán también de la Selección Española...” y en esto que se vuelve, me mira y dice: “Se parece a ti...” y yo “¡Muy bien! ¡¡Gracias, hombre, madre!!” Pero se queda mirando un poco más y dice “Mmmm.. no… no… ¡tampoco se parece tanto!… No, la verdad es que no. Hombre, os dais un aire por los pelos, pero no… La verdad es que él tiene una cara muy larga y muy estirada… No, no… ¡Tu eres más guapo!” Bueno… no es que me quedase muy conforme con el tema, pero tampoco era un trauma excesivo ¿no?...
Sin embargo, un par de meses después, la escena se repitió en Zaragoza: salón, después de comer, madre amodorrada en el sillón orejero y noticia del Barça en la sección de deportes del telediario… Esta vez, se trataba de una rueda de prensa. Sale hablando uno (Rijkard, por decir alguien) y nada, peeeeero le llega el turno a Puyol. Mi madre que abre los ojos y misma jugada: “¿¿¡¡ Pero quién es ese tío tan feeeeo !!??” Y yo “¡¡Jooooeeer!!… encima de borde rompe-egos, con Alzheimer” Total, que (con la experiencia adquirida tratando con mi abuela) me armo de paciencia y comienzo a explicar parsimoniosamente de nuevo: “Pues es un jugador llamado Carles Puyol, defensa y capitán del Barça, en ocasiones capitán también de la Selección Española, que la gente dice que me parezco a él, pero yo soy más guapo ¿verdad?” Al decir esto, mi madre se me queda mirando y hace “Ssssss… bueno…” frunce el ceño con una mueca de asco y dice “… es que… es que ¡¡se te ha puesto una cara tan grande…!! ¡Antes que tenías una cara tan finica…!”
Y así es como lo que podía ser un parecido encomiable y envidiable ha pasado a ser un profundo trauma… Ya sabéis, niños… cuando tengáis prole, nunca hagáis nada parecido.
Me he acordado de esta historia porque se la solté a un grupo de jóvenAs que el viernes 12 se me acercaron en la fiesta de la cerveza gritando “¡¡Bisbal!! ¡¡Bisbal!!”. Hasta se hicieron una foto conmigo. ¡Pobres!… ¡qué rollazo se tuvieron que tragar! (fué una lástima que solo se tragasen el rollazo y no el poll… ehmm…. ¡¡bien!!) Lo de que de vez en cuando (con el pelo suelto y los rizos en su máximo apogeo) me dijeran que me parecía a Bisbal también estaba bien (fue bonito mientras duró)… ¡Có!… las púberes fanáticas se forran las carpetas con fotos suyas y se desmayan a su paso, se punza a cada jaca que pa' qué… ¡Todavía era mejor que Puyol! Sin embargo, va el tontolaba y se rapa para no-se-qué buena causa… ¡¡Pero cojones, tronkocolega, que la buena causa ya la hacías con los rizos puestos!! ¡Si estabas aportando tu “humilde granito de arena” (como dicen siempre que colaboran con alguna mierda solidaria de éstas) a la ardua empresa de que alguien tan impresentable yo ligase!! Pues nada… Igual tengo que plantearme escribirle una carta a ése, también…
Si es que... ¡soy un desgraciao!